Juan Francisco Casas: where trivia meets transcendence

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Spanish:

Al contemplar el trabajo de este joven artista, enseguida advertimos que su modelo directo no han sido los individuos, amigos y colegas, novias y demás presencias ocasionales, que aparecen en sus cuadros y dibujos -siempre en actitudes graciosas o descaradas, en situaciones hilarantes o divertidas, todas enmarcables dentro de la más estricta banalidad- sino las instantáneas que de ellos tiene por costumbre realizar; según propia confesión, siempre va acompañado de una cámara. Su aproximación al entorno es, por tanto, mediada; lo reconoce, con fines artísticos –y quién sabe si también existenciales-, a través de la sensibilidad fotográfica. Esta interpretación de la realidad cotidiana es la que ha decidido imprimir en su obra, pero buscando o aprovechando algo más que la simple información puntual que la fotografía le ofrece; no se trata sólo –acaso cabría decir mejor ni siquiera- de facilitar una tarea de análisis y observación, más bien de incorporar unos códigos visuales que, por sernos fácilmente reconocibles , le proporcionan un soporte icónico muy pertinente para el carácter de sus imágenes. Un modelo de dicción que adquiere así el rango de ambiental, determinando el tono de la obra y, en consecuencia, su estilo, su manera de pintar y dibujar e incluso el procedimiento empleado (…)

Si Gerhard Richter había optado por emplear la fotografía como coartada para ahuyentar una subjetividad indeseada (trasladando así la realidad a un segundo plano, hiperbáticamente, convirtiéndola en un reflejo de segunda generación) Casas, por su parte, mucho más irónico y desenfadado que el alemán y, por supuesto, menos programático, ha cifrado en la definición que aquella le ofrece toda la temperatura expresiva que, a nivel de tratamiento, puede o quiere permitirse. Su realismo se deriva, precisamente, de esta decisión. Ni corrige ni altera la oferta fotográfica. Su pintura es un ejercicio claro de reproducción, de camuflaje retórico, como así lo constata su estilo; un estilo inaparente, que precisa de la invisibilidad para resultar efectivo. Viendo sus cuadros advertimos que las calidades pictóricas son mínimas, formularias, planas, escuetamente nominales . No hay un tratamiento pictórico que se sobreponga a la mera función representativa; ni una huella, ni un gesto, ni una carga o énfasis matérico que denuncie algo más que la pertinaz constancia de la instantánea.  
Podría afirmarse que Juan Francisco Casas fotografía cuando pinta, pero sólo si tenemos en cuenta que su trabajo lo comienza con la cámara en la mano; es decir, que la suya no es la obra de alguien que simplemente copia, ya que sus pinturas y dibujos están realizados con absoluta premeditación. Una operación deliberada que arranca desde el momento en el que sale a buscar las fotos (o a provocarlas) y que alcanza, de modo todavía más determinante, hasta aquel otro en el cual lleva a cabo su trabajo en el estudio, al trasladar las imágenes fotográficas al lienzo o al papel; todo ello motivado por una decisión que, apoyándome en las palabras del propio artista, no dudaré en calificar de irónica. (…)

(…) Lejos de presentársenos como la prueba definitiva de su aptitud –y sólo como simple aptitud- constituye la clave dialéctica de un planteamiento que se desliza, con gran desenvoltura, por los pliegues de esa lógica de lo real con cuya textura tan familiarizados estamos. Todo, para llevarnos a su terreno, es decir, para certificar lo bien que se lo pasa con sus amigos, ligues y demás personal con el cual se junta, mientras logra convencernos, una vez más, de que la banalidad (algo más que lo cotidiano, ese resto que nos ha legado la liquidación de les grands récits) es acaso el más concluyente santo y seña de nuestra época, sólo inteligible a partir de múltiples microrrelatos.”

Victor Zarza (Crítico de ABC cultural)

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English:

“Contemplating this young artist’s work, we soon realise that he is not using as his direct model the individuals, friends, mates, girlfriends and other occasional beings shown in his paintings and drawings -always with a cheerful and cheeky attitude, in funny or hilarious situations, all of them strictly banal-. He is rather using the snapshots he takes of them. He has confessed to always carry a camera around. So he approaches his environment always through some sort of means, through a photographic sensitivity, with an artistic aim, as he acknowledges. He has decided to show in his work this interpretation of everyday reality, but seeking or taking advantage of something else other than the mere punctual information offered by photography. It is not only -or we should rather say it is not even- about rendering analysis and observation easier. It is more about incorporating visual codes which, being easily recognizable,  offer him a very relevant iconic medium to the kind of pictures he makes. It is a language model that becomes environmental, which determines the tone of the work and therefore his style, his way of painting and drawing, and even the procedure he uses (…)

Gerhard Richter chose to use photography as an alibi to banish an unwished  subjectivity (thus putting reality aside on the background and turning it into a second hand reflection). Casas, on the contrary, being far more ironic and lighthearted than the german artist, and, of course, less programmatic, makes use of the definition that photography offers him and allow himself to express the whole range of moods at his disposal (or at his wish), as far as treatment is concerned. His realism derives, precisely, from this decision. He does not correct nor changes the photographic offer. His painting is a clear exercise of reproduction, of rethorical camouflage, as stated by his style. A style that is not obvious, which requires invisibility to be effective. Looking at his pictures we notice the minimum, formulaic, flat, succinctly nominative pictorial qualities.  There is not pictorial treatment over the mere representative function. Nor is there a print, a gesture, a charge or a material enphasis revealing anything else other than the presistent snapshot perseverance. We could state that Juan Francisco Casas photographs when he paints, but only if we take into account that he begins his work with his camera. So it is not the work of somone simly copying, as his paintings and his drawings are premeditated. It is a deliberate operation starting at the moment in which he sets out looking for pictures to be made (or to be prompted). Even more definitely, it goes up to that other moment in which he carries out his activity at his studio, transfering the photographs onto canvass or paper. And it is all motivated by a decision that, according to the own artist’s words, I no doubt will describe as ironic. (…)

(…) Far from being the final evidence of his ability -and not just simple ablility-, it is the dialectic key of an approach easily following the winding paths of a logic of reality, whose texture we are so familiar with. All that to take us to his world, that is, to confirm how much fun he has with his friends, girls and other people he tags along, while he suceeds in bringing us round, once again, to his point of view: banality (more than the ordinary, what is left form the annihilation of  les grands récits) may be the more definite sign of our times, only intelligible through multiple microstories.”

Victor Zarza (ABC Cultural art critic)

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